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Che Guevara, según Soderbergh

10 de octubre de 2017 02:43 AM
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Che Guevara, según Soderbergh

En El argentino y Guerrilla, ambas cintas del cineasta estadounidense, Benicio del Toro interpreta a Ernesto "Che" Guevara, el médico argentino que se convirtió en el líder revolucionario más icónico de América Latina en la década de 1950.

La apuesta era, a lo menos, ambiciosa. Arriesgada, por decirlo de alguna forma. Sabía, como dijo Soderbergh a la prensa en Cannes, “que el precipicio era muy profundo”: contar la historia de Ernesto “Che” Guevara no solo es contar la vida de una persona, sino la de un país, la de un continente, la de una ideología completa.

Corría el año 2008 y la película era el gran acontecimiento mediático de Cannes. El estreno en simultáneo de un fresco de casi cinco horas sobre el revolucionario Ernesto “Che” Guevara, se llevaba todos los aplausos de la crítica. Su director, el prolífico y diverso Steven Soderbergh, se había propuesto contar la historia de la revolución cubana y la trágica experiencia boliviana del médico argentino.

La primera parte abarca el período 1955-1964 con varias líneas argumentales. El relato salta de forma constante de la planificación en México de la invasión cubana por parte del Che y Fidel Castro (1955), hasta la larga batalla contra la dictadura de Fulgencio Batista (1956-1959).

El segundo acto comienza en 1965, con la renuncia de Guevara a sus cargos políticos en Cuba, para luego reconstruir de forma minuciosa la fallida experiencia revolucionaria en Bolivia, que terminó con su captura y fusilamiento en octubre de 1967.

Para su estreno, La Tercera aseguraba que “el público de Cannes aplaudió con efusión la primera parte de Che, pero ya al término de la segunda no hubo tal entusiasmo, con respuestas dispares”.

“Lo más destacado de la película es la sutil caracterización del puertorriqueño Benicio Del Toro, quien no cae en poses baratas y se acerca al personaje en forma hábil. No deja de ser curioso que Soderbergh lo muestre en la primera parte casi siempre de perfil, en forma oblicua o de espalda”, añadía la nota firmada desde Cannes.

“Queremos hacer una película extraordinaria sobre este gran hombre. Pero es muy difícil de condensar en solo dos horas de filme”, aseguraba a La Cuarta Benicio Del Toro varias semanas antes del estreno comercial de ambos filmes.

Una nota de La Nación argentina dijo que “la película se sigue con bastante interés, está bien narrada, tiene una producción cuidada, no cae en importantes errores históricos ni en demasiadas licencias propias de las biopics hollywoodenses, evita los golpes de efecto, las frases grandilocuentes y la exaltación elegíaca, pero al mismo tiempo le cuesta salir de una medianía general, de una corrección que por momentos resulta casi intrascendente”.

La Tercera comentó que la primera parte “aborda principalmente el período de la revolución cubana, donde el Che y Fidel Castro pelean codo a codo, sin ningún atisbo de desacuerdo posible entre ambos. La interpretación del mexicano Demián Bichir como Castro es, desgraciadamente, de trazo grueso, lo contrario a Del Toro, con el acento demasiado evidente”.

El País, por su parte, elogió “el gran parecido físico entre el actor y el personaje”.

Sin embargo, Soderbergh se mostró escéptico del recibimiento de la prensa. “La mayoría de las cosas que leí me parecieron hilarantes, porque algunas sostenían que es una película demasiado convencional y otras, que es una película muy poco convencional”, dijo el director.

El cineasta se declaró “fascinado por la personalidad de Guevara, que se ha convertido en el símbolo de la rebelión juvenil en todo el mundo, y por una de las vidas más ricas de todo el siglo XX”.

Soderbergh también tuvo palabras para su protagonista, Benicio Del Toro: “Es un actor muy físico. Él quiere que todo parezca auténtico, tiene animadversión a todo lo que huela a falso. Es un intérprete muy comprometido. Disfruta con la dificultad”.

Por su parte, Del Toro aseguró que el armado del personaje fue un proceso difícil: “Me dediqué a investigar su personalidad y cuanto más me adentraba en su historia más me sentía con cara de ciervo degollado, con tanto miedo de afrontar el desafío que quería seguir aprendiendo”.

“Para ser revolucionario hay que estar un poco loco”, es una de las frases más icónicas de la película. Pero Soderbergh añadía algo más en sus entrevistas: “¡Y para abordar un proyecto cinematográfico como este, también hay que estar un poco loco!”. En efecto, fueron siete años de trabajo, desde la escritura del guión, la lectura, la investigación y el estudio de documentos y libros sobre la figura del “Che” Guevara. Y luego, por supuesto, de búsqueda de financiamiento. Porque se trató de un proyecto descomunal. Dos películas, Che, el argentino y Che: guerrilla, que han sido, según el director, “las más difíciles y comprometedoras de su carrera”.

La investigación fue clave en el filme. La película está basada en Che Guevara, una vida revolucionaria (2006, Anagrama), el perfil más acabado sobre el revolucionario y obra cumbre del periodista Jon Lee Anderson, y comenzó a rodarse con la icónica escena del 11 de diciembre de 1964, cuando Guevara, entonces ministro de Industria, viajó hasta la Asamblea General de las Naciones Unidas en Nueva York, en representación de Cuba.

Allí, en las escenas finales de El argentino, Del Toro aparece con el clásico uniforme verde olivo de los líderes castristas, el pelo corto y una característica barba rala, para dar paso al período final de su vida, cuando organiza y arremete con la lucha revolucionaria en África y América Latina, donde somos testigos de la odisea final en la selva boliviana y su captura a manos del agente de la CIA Félix Rodríguez.

Fuente: culto.latercera.com

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