El último viaje de Mandela

14 de diciembre de 2013 05:04 PM

34 0

El último viaje de Mandela

Los vecinos de Qunu, donde hoy será enterrado Madiba, le despiden al paso del féretro

Media hora antes de que pasara la comitiva, los vecinos comienzan a salir de sus humildes casas. Las verdes praderas de Qunu se salpican de personas que caminan hacia la carretera, a menos de un kilómetro de donde hoy será enterrado Nelson Mandela. Es la única oportunidad que tienen de despedirse de su vecino, de casi tocarlo. No son muchos; no es esta tierra un lugar de multitudes. Es una zona pequeña, tranquila y retirada, pero no falta nadie.

"Recuerdo que era un niño, en 1993, cuando mis padres me dijeron que aquel hombre era Míster Mandela, que fuera a saludarle. Corrí como loco y llegué a su lado. Él me miró y me preguntó por qué corría y yo le dije que para saludarlo. Entonces él me dio la mano. Era una mano fuerte, nunca lo olvidaré", explica un treintañero, uno de los vecinos de Qunu que ayer despidió a Madiba.

Con él está Dbuto, otro treintañero que trabajó en alguna ocasión en casa de los Mandela. "Le he visto tres veces. Siempre estaba sonriendo y siempre era humilde y simpático con nosotros. Nunca vi a ese hombre enfadado", cuenta.

Todos los reunidos son vecinos de Mandela. Han estudiado en la misma escuela que él o en el colegio de Secundaria que él mando construir. "Nosotros fuimos en 1995 los primeros en toda la comarca en tener electricidad. Hasta entonces no teníamos nada", recuerdan unas mujeres. Luego señalan detrás de la carretera un edificio de color rojo. "Esa escuela la construyó Mandela. Le debemos lo que tenemos", dicen. Un poco más atrás indican un edificio amarillo: "En ese colegio estudió Mandela. Yo también estudié allí", narran y narran todas con orgullo.

Entre el grupo de vecinos sobresale por singular un tipo blanco. Tiene 50 años mal llevados. Huele un poco a alcohol y su aspecto es desarreglado. "Éste es un gran hombre al que hay que despedir. Yo no tuve la suerte de conocerle, pero aquí estoy con mi hermano que sí que le conoció". comienza a llorar. Es la única persona del grupo que rompe en lágrimas ante el último viaje de Mandela.

Todo ocurre deprisa. Primero pasan decenas de coches, de helicópteros, de motocicletas, y de pronto aparece al fondo la guardia de motoristas que escolta el coche de Mandela. Entonces, todos aquellos vecinos que habían estado cantando canciones en Xhosa, comienzan sorprendentemente a romper la voz cantando el himno de Sudáfrica. Así pasa el cuerpo de su vecino más ilustre delante de ellos, mientras entonan la canción que les une a todos y que Mandela inventó.

A lo lejos, en medio de unas inmensas medidas de seguridad para que no se invada la calzada, un grupo invade la carretera. Se trata de unas cabras que no saben de funerales ni de controles policiales y que cruzan la carretera, como hacen a diario, entre los numerosos coches de la comitiva. La estampa parece un perfecto ejemplo del lugar donde Mandela decidió descansar y reunirse con sus ancestros. Lo hará en el África rural. Muy Mandela, muy africano.

Al final, cuando la inmensa comitiva ya ha pasado, todas aquellas personas vuelven a sus humildes casas desperdigadas por las laderas tranquilamente, felices. "Tenemos el orgullo de que el hombre más grande de la Historia será enterrado aquí. Mire, hay gente de todo el planeta que ha venido a rendir su respeto. Estamos muy orgullosos de ser de su misma tierra", explican unos jóvenes. "Sabe, dentro de poco toda esa gente se habrá marchado y entonces él estará ya con nosotros".

Fuente: elmundo.es

A la página de categoría

Loading...