Centro Nacional de Medioambiente y su lucha por subsistir

16 de enero de 2015 04:29 PM

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Centro Nacional de Medioambiente y su lucha por subsistir

Veinte años de vida son un motivo de celebración en nuestra cultura. El vigor de la juventud se conmemora con fiestas, música y algarabía, las que resumen el sentimiento de inmortalidad que se sienten a esa edad. Sin embargo, como todo, la relatividad alcanza a los cumpleaños.

Al menos ese es el sentimiento que se respira en el Centro Nacional de Medio Ambiente (CENMA), institución que, pronta a cumplir sus dos décadas, mira con preocupación sus próximos años.

Nacido en 1995, bajo el alero de un convenio de cooperación técnica entre los gobiernos de Chile y Japón, el CENMA es una fundación de la Universidad de Chile encargada de “apoyar la gestión ambiental del país, mediante la generación y análisis de información científica y tecnológica, la formulación de proyectos de investigación y desarrollo en materias ambientales, además de la formación de recursos humanos a través de capacitación y entrenamiento, apoyando y brindando soporte a organismos públicos y privados”, al menos así se lee en los primeros documentos que bosquejan su fundación.

Tan gloriosos fueron sus primeros años de vida, que el Centro estuvo ad portas de cerrar un segundo acuerdo con el gobierno de Japón (uno de los patrocinadores del proyecto), lo que lo hubiese posibilitado para una mejor y mayor capacitación de sus profesionales, esto avanzando la primera década del 2000. Sin embargo, los pasillos ruidosos del predio ubicado casi al final de calle Larraín, en la comuna de La Reina, de a poco se fueron silenciando.

Esas esperanzas de ser un gran aporte para el país, de constituirse según sus dictámenes iniciales en un lugar capaz de proveer de soluciones en distintos ámbitos del medio ambiente, de primera generación, fueron – de a poco- sustituidas por un sentimiento de lucha que, día a día, trabaja por subsistir.

Según indican los trabajadores que se mantienen en el lugar, los años no pasaron en vano. La anterior administración de la Universidad puso una sentencia al Centro de Medio Ambiente que comenzó a transitar entre la apatía de las ex autoridades y el silencio de una comunidad universitaria que poco sabía de su existencia.

Entre sus recuerdos emanan situaciones, tales como, cuando hace casi siete años, a días de avanzar en un proyecto de largo plazo que convertía el CENMA, en el Centro de Referencia Ambiental del País, y emprender una segunda fase del convenio con Japón, el rector Víctor Pérez quebró con las relaciones con el Ministerio de Medioambiente, esto argumentando que no se aceptaba el acuerdo en los términos planteados: El que directorio quedara constituido por un 50 por ciento de representantes de la universidad y un 50 por ciento de representantes del Estado, condicionando además que la administración de los fondos quedara a cargo de la Universidad de Chile.

que en los relatos se escuchen historias sobre el desconocimiento de su existencia. Varios son los ejemplos que los defensores del lugar repiten incansablemente: “es increíble que muchos docentes no sepan que existamos, cuando dependemos de la misma Universidad”, dicen tratando de abrirse espacios entre políticas administrativas de la casa de estudios.

Es que el trayecto hasta 2015 no ha sido fácil, explican. Desde ahí en adelante, el CENMA, que por disposición fundacional depende de la dirección superior de la Fundación ejercida por un Consejo Directivo, compuesto por siete miembros de la Universidad de Chile: El Rector y presidente del Consejo y los decanos de la facultad de Ciencias; Ciencias Químicas y Farmacéuticas; Físicas y Matemáticas; Medicina; Ciencias Agrarias y Forestales y Arquitectura y Urbanismo, hoy debe lidiar con un presupuesto ajustado y sin financiamiento del Estado, pero con la esperanza que el cambio en rectoría traiga mejores atardeceres en los bosques de La Reina.

El Centro está organizado en base a los laboratorios de Química y Referencia Medioambiental, Biodiversidad y Pronóstico Meteorológico y de Calidad del Aire.

Cada una de estas instancias tiene sus propios objetivos y personal asignado para su funcionamiento. Sin embargo, muchas veces, los recursos son compartidos con el fin de tratar de mantener las instalaciones y el reducido trabajo que pueden seguir realizando, esto por las condicionantes políticas que este centro padece.

Pese a lo sólida de la estructura y del nivel de trabajadores y profesionales que en el lugar se desempeñan, en 2013 comenzó la peor parte de la historia: En ese momento, el sindicato de trabajadores denunció que les habían advertido del posible cierre de la institución por la crisis financiera que atravesaba. Semanas antes del día que el entonces director del Centro, Italo Serey, les avisó la noticia, los funcionarios se enteraron que ya no podían negociar recursos del Estado y tampoco con la banca. También se les impedía postular a proyectos a mediano o largo plazo, situaciones que –hasta ese momento- los habían mantenido en pie, pese a los obstáculos que ponían las autoridades de ese entonces.

El financiamiento había bajado progresivamente: En el año 2010 accedió a $1.739.205.000; en 2011 a $852.909.000; en 2012 a $150 millones, y en 2013 a 0.

Y las razones por las que el otrora Consejo Directivo negó la postulación a recursos es –hasta el día de hoy- ignorada por los trabajadores, quienes hipotéticamente manifiestan que el centro es visto como un elemento competitivo al interior de facultades de la Universidad, ya que un convenio a largo plazo con el Estado de Chile significa transferencias directas de proyectos prioritarios al servicio del país en la temática medioambiental.

El principal objetivo de este proyecto era convertir al CENMA en un centro nodo de la red metereológica ambiental del país: “El Estado de Chile se encuentra redefiniendo toda la institucionalidad pública ambiental, y de hecho CENMA va a jugar un papel muy importante, como centro nacional de referencia, es decir, como un instituto que apoya fundamentalmente en lo técnico y científico al Estado para crear estándares, normas y protocolos que definen la gestión medioambiental en el país”, explicó en ese entonces el director de la entidad. (Información del año 2008 cuando CENMA se convertiría en el centro de referencia)

El tiempo ha pasado y la política medioambiental sigue en la indefinición. A juicio de los expertos en la materia, la demora se ha centrado en los grandes temas que han manejado la agenda gubernamental del primer año de gobierno.

“Las cosas hoy se perciben diferentes”, dice Karen Marín, presidenta del sindicato de trabajadores del CENMA y representante de la comunidad. Para ella, el cambio de Rector es auspicioso, sobre todo cuando Ennio Vivaldi ha contestado sus llamados y se ha mostrado preocupado por el futuro de la institución.

Algunos de los avances, indican, es que ya se constituyó el directorio de la Fundación con las nuevas autoridades, lo que hace pensar que se va a empezar a trabajar en los requerimientos a largo plazo, y emprender un camino hacia el reconocimiento de la Universidad.

Los primeros días de diciembre y con el objetivo de difundir la difícil situación que vive el CENMA se desarrolló, en dependencias del centro, un encuentro entre el sindicato, representantes de rectoría, FENAFUCH, FECH, y miembros del Senado Universitario. Con cuatro presentaciones de profesionales del Centro Nacional del Medio Ambiente se observó el trabajo realizado y la importancia que tiene el centro para nuestro país. Eliminar prohibiciones para que se pueda sustentar de manera autónoma y reconocimiento por parte de la Universidad de Chile fueron los puntos más relevantes que se plantearon.

Para Karen Marín, es importante concientizar a las organizaciones de la universidad para luego encontrar una solución en conjunto para el centro que desarrolla análisis y estudios del medioambiente desde hace 19 años.

“Esperamos que la Rectoría vea lo importante que es para nosotros constituir el Consejo de la Fundación. Hoy como ustedes saben las autoridades son nuevas. Por lo que esperamos que se puedan analizar las prohibiciones que nosotros tenemos, abrirlas y desde el próximo año poder negociar con el Gobierno y que legalmente se nos permita negociar con proyectos de mediano y largo plazo. También negociar con la banca, que es otras de las prohibiciones que tenemos.”, explicó Karen Marín recordando la decisión tomada por las autoridades universitarias en 2013.

En representación del Rector de la Universidad de Chile, Ennio Vivaldi, estuvo presente en la reunión, Giorgio Solimano, Director de Desarrollo Estratégico y de Relaciones Institucionales de la Universidad. En el lugar, valoró la iniciativa del sindicato por la posibilidad de convocar e informar a las autoridades cuál es la situación del Centro Nacional de Medioambiente.

“Es una institución de gran importancia para nuestra Universidad. Ha tenido problemas, pero tenemos que hacer un esfuerzo en la casa de estudios, junto con el Gobierno, empresas del estado y otros participantes, para buscar un mecanismo que permita que este centro recupere lo que fue en un inicio. De esta forma, tal como lo he sugerido, es necesario que se formule una propuesta bien elaborada para que sea conocida por las instancias de gobierno de la Universidad. Esto, para buscar mecanismos de solución en un corto plazo.”, afirmó el Doctor Giorgio Solimano.

El apoyo de los estudiantes no es menor. El rol que puede jugar la Fech y los funcionarios, llena aún más de ilusiones a los trabajadores del Centro, quienes ven con buenos ojos el apoyo que les han mostrado diferentes cuerpos de la Universidad. Lo que pone en el centro el valor nacional que tiene un lugar como éste.

En la citada reunión estuvo presente parte de la directiva de la Federación de Estudiantes de la Universidad de Chile. Comandados por Valentina Saavedra, quien participó en el debate que se generó luego de las presentaciones, se planteó que la Universidad debe fortalecer este tipo de espacios y no abandonarlos como lo ha hecho hasta ahora.

“Estas son problemáticas que se han instalado a nivel nacional y que demuestran que la Universidad de Chile se puede hacer cargo. La discusión y estudios que genera este centro son fundamentales. Es más, hay que fortalecer su rol en las carreras de la universidad añadiéndolas, a su vez, a nuestra formación profesional.

Sería importante escuchar un gesto de la rectoría más allá de declaraciones de voluntades para sacar al CENMA adelante.”, manifestó la presidenta.

Por estos días, en enero, estudiantes y trabajadores esperan reunirse con rectoría. La idea es poder plantear las necesidades y ver cuáles son las posibles soluciones que se barajan a mediano y largo plazo: buscan vivir tranquilos y no tratar, año a año, de subsistir entre miedos y miserias. La primera solución sería, despejar las barreras y permitir que se pueda volver a solicitar aportes, tal como antaño.

Más allá de las preocupantes condiciones en las que quedarían los empleados del lugar con el cierre de la institución, Chile perdería una prestigiosa y calificada institución capaz de asesorar diversos temas medioambientales, en años donde la contaminación, la generación energética, fiscalización medioambiental y el cambio climático ponen al ambiente entre las prioridades nacionales.

La Universidad también gana con la presencia del Centro. Esto porque la Casa de Bello destaca por su rol y su vocación nacional, comprometida con las soluciones de los grandes problemas del país.

Su constitución pública e independiente forjó con honores al CENMA. Por ahora solo queda esperar la solución que la Universidad da a la propuesta de mejoramiento de la institución. No obstante, el Centro Nacional del Medio Ambiente mira con mejores ojos la llegada de este 2015 a la espera de celebrar con vítores el veinte cumpleaños.

Fuente: radio.uchile.cl

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