El erotismo según Cristián Plana, el director joven más reconocido del teatro chileno

17 de abril de 2015 03:00 PM

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Con 35 años y varias obras aplaudidas por la crítica, como La señorita Julia, Castigo y Paso del Norte, Plana presenta en el Taller Siglo XX No despiertes a los niños, un montaje que explora en el costado oscuro y siniestro tras las relaciones de pareja.

Si bien en tres de los últimos cuatro años un montaje de Cristián Plana fue elegido el mejor por el Círculo de Críticos de Arte, recién ahora -dice- está empezando a mirar sus trabajos retrospectivamente. El director más premiado del teatro chileno reciente empezó a descubrir hace poco las conexiones que se iban repitiendo en sus montajes.

“Estoy empezando a ver para atrás. Me siento como que estoy agarrando momentos de algunas escenas y veo que están contectadas, veo la línea, los hallazgos, y siento que he ido soltando la mano. Y quiero seguir profundizando en eso”, cuenta.

A sus 35 años el corpus de obras de Plana ya hablan de un autor hecho y derecho, que luego de haber adaptado con singular brillo a autores clásicos como Strindberg (Castigo, La Señorita Julia), Thomas Bernhard (Partido y Comida alemana) , el nacional Sergio Vodanovic (Velorio chileno) y al narrador mexicano Juan Rulfo en Paso del norte, comenzó a trabajar con dramaturgas emergentes como Emilia Noguera (Proyecto de vida) y ahora Constanza Manríquez en No despiertes a los niños, el montaje que abrió el ciclo Teatro Hoy y que se presenta en el Taller Siglo XX Yolanda Hurtado.

Y si hay rasgos comunes en su trabajo, Plana los advierte en su búsqueda por desentrañar los márgenes de lo real, casi como el camino hacia la oscuridad que va desde la aparente normalidad: el final de Castigo y la interrupción del espacio-tiempo, los quiebres casi experimentales de Proyecto de vida y el lynchiano segundo acto de Paso del norte, como ejemplos.

“Me interesa partir de lo real para llegar a su representación: qué lo roza y qué implica, lo que pasa ahí”, dice el director. Y tal como en Proyecto de vida, esa inmersión en las “acciones escénicas” como define Plana a esas digresiones de lo real, toman cuerpo en No despiertes a los niños en su gusto por escenas con ausencia de texto, pero donde la puesta en escena “sigue hablando desde la extensión del tiempo hasta algo que tiene que ver con el espacio del abuso, de lo siniestro, del erotismo ligado con la muerte. Eso me interesó representarlo escénicamente”, cuenta.

- Creo que la obra gira sobre este erotismo ligado al juego. Y el juego ligado a la infancia, al peligro de fantasear, y no sólo de los niños sino que de los adultos. Esos juegos que hacen los niños pero que los adultos lo replican, de índole sexual. Como estos personajes que exploran con fetiches, con cosas de sus propios hijos, y donde el erotismo se vincula al peligro.

- Comenzaste a trabajar en la obra cuando el texto aún no estaba terminado. ¿Qué complejidad extra supuso esta elección?

- Sabía que Constanza (Manríquez) era novelista y que había escrito teatro. Agarré por casualidad este texto, lo leí rápido y me fascinó. Proponía un lugar para habitar que me pareció notable, riesgoso y atractivo. Ella me dijo: “el texto no está acabado”, y le dije hagámosla juntos, dialoguemos. Fue un proceso donde rearmamos la obra pero en su estructura ya estaba terminada. Y luego empezamos a ensayar, hicimos un mes de escritura y dos meses de ensayos.

No despiertes a los niños gira en torno a una pareja de cerca de treinta años. Ella (Angela Gaviraghi) abogada exitosa y él (Gabriel Urzúa) chef sin grandes ambiciones, entran a una crisis determinada por el peso de las convenciones sociales y la tensión entre lo privado y lo público.

“El miedo es un concepto central en la obra. Hay miedo en la pareja, miedo a correr los límites, a jugar un territorio peligroso, a la infancia”, explica Plana y a la vez descubre las similitudes con su anterior montaje, Proyecto de vida: El retrato íntimo de un núcleo familiar. “En el espíritu, las dos obras se topan y sin duda que es por algo que uno se encuentra o se fascina con ciertos materiales”, cuenta.

- Tus obras han tendo siempre el apoyo entusiasta de la crítica. ¿Eso juega como un plus para cada nuevo estreno tuyo?

- Es bueno pero hay que olvidarlo rápido, Siempre parto con el mismo terror al vacío, no me la ando creyendo ni para afuera ni para mí. Sobre los premios, creo que en el fondo han premiado un corpus de obras, o sea, es el premio a la coherencia. Pero soy jodido con los halagos, desconfío de ellos. Siempre bromeo que ahora viene el ocaso (ríe).

Y sobre el volver a los rasgos comunes en su obra, el nuevo proyecto de Plana lo llevará hacia un territorio perfectamente conocido: el juego de clases, el sometimiento y la tensión sexual de La señorita Julia, montaje que en su momento (2011) adaptó íntegramente y que ahora presentará en Italia en junio.

“No es el mismo montaje, se trata de otra puesta en escena y reescritura. Es una obra que conozco pero quise ponerla en otro contexto. Estoy traduciendo escénicamente algunas cosas. Cuando la hice defendí la idea del exceso de texto, no corté nada. Ahora, en cambio, quiero traducir algunas ideas en acciones”, finaliza.

Hasta el 26 de abril en Taller Siglo XX (Ernesto Pinto Lagarrigue 191, Recoleta)

$6.000 general; $4.000 estudiantes y tercera edad; $5.000 Clientes Costanera Center; $3.000 Artes Escénicas (estudiantes y afiliados a Sidarte y Chileactores).

Fuente: elmostrador.cl

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