Escritores chilenos lamentan muerte de Galeano

13 de abril de 2015 09:37 PM

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Poli Délano, Ramón Díaz Eterovic, Pía Barros y Dauno Tótoro, entre otros, destacaron su legado. “Galeano nos ofrecía una mirada caleidoscópica, un prisma narrativo e interpretativo de la historia y de los pueblos en que la blanqueada luz monótona y enceguecedora de las verdades oficiales se descomponía en un arco infinito de colores y tonos”, resumió este último.

Varios escritores nacionales, como Poli Délano, Ramón Díaz Eterovic y Pía Barros, entre otros, lamentaron la muerte del escritor uruguayo Eduardo Galeano.

“Acabo de enterarme de la muerte de mi amigo E.G. y estoy desolado. Desde hace varias décadas he tenido un hondo afecto por él. No sólo su simpatía y su humor. También su postura frente a los problemas del mundo, su compromiso con nuestro aporreado continente. Estuvimos juntos en diferentes jornadas de lucha: en México, Cuba, Chile. Argentina… ‘Las venas…’ es un libro fundamental para entender la trayectoria de América desde el genocidio que algunos siguen llamando (con gran sentido del humor negro) ‘encuentro de dos culturas’”.

“A pesar de su lucha de tiempo contra el cáncer, era temprano para que Eduardo Galeano partiera. Tal vez siempre es muy temprano para esos personajes que nunca desconocieron su opción crítica, su profundo compromiso con la denuncia de las injusticias, el nudo indisoluble entre lo creativo y el compromiso con las personas”.

“Es triste saber que Eduardo Galeano está muerto. Parecía un escritor incombustible que siempre nos podía sorprender con algún nuevo libro, de esos que andaban con uno por un largo rato; que nos daban temas para reflexionar de política, literatura o fútbol. Era un escritor de otra estirpe: solidario, comprometido con las causas sociales latinoamericanas. Su muerte nos deja un poco más a la intemperie.

En 1988 me tocó participar en la organización de ‘Chile Crea’, un gran encuentro que se hizo por la recuperación de la democracia en Chile, y recuerdo a Eduardo Galeano hablando en el Teatro Baquedano. Un teatro lleno de gente escuchó en silencio un hermoso discurso que empezaba: ‘Nosotros decimos no al elogio del dinero y de la muerte’.

En los años 80’, en plena dictadura, Galeano fue tremendamente importante para una enorme cantidad de lectores chilenos. ‘Las venas abiertas de América Latina’, libro que comenzó a leerse de manera clandestina, terminó siendo un libro de cabecera. Galeano, con un lenguaje sencillo, con sus metáforas y apuntes siempre certeros nos enseñó a leer y a mirar de otra manera la historia de América Latina. A observarla y entenderla a partir del abuso del poder político y de la explotación despiadada de sus recursos. Con sus libros nos ayudó a ser más latinoamericanos”.

“Era el escritor perfecto para el adolescente que despierta a la política. Después de los 25 años su mezcla de metáforas tremendas y datos falsos terminaba por producir una profunda desconfianza”.

“Tristes noticias las de esta mañana. Primero Günther Grass en ‘la otra orilla’, y luego Galeano en la nuestra.

Un trío de mala leche incorporó hace unos años a Eduardo Galeano a un ominoso Manual del Perfecto Idiota Latinoamericano. Con humor de santo oficio, intentaban denostar así a un autor que nunca negó su voz a los sin voz de nuestra emporcada historia de continente galeote. Sí, se nos fue Galeano pero nos quedó su habla”.

“Quizás lo primero que cautivó a tantos de nuestra generación, en aquellos poco poéticos años de la dictadura, fue el lenguaje de Galeano, su manera de decir. Creímos, equivocadamente, que su virtud estaba en las formas, en su verbo. Pero al paso del tiempo descubrimos que no era la cadencia del lenguaje ni las florituras lo que nos hacía adeptos de sus crónicas y ensayos, sino algo tanto más complejo como inusual: su don de gran contextualizador. Echando mano a historias simples y perdidas, lograba hilvanar una con otra, y entonces aquello que parecía único, singular, lograba convertirse en un engranaje, parte de un todo. En tiempos de la atomización de la historia, de la fragmentación de los recuerdos, Galeano nos ofrecía una mirada caleidoscópica, un prisma narrativo e interpretativo de la historia y de los pueblos en que la blanqueada luz monótona y enceguecedora de las verdades oficiales se descomponía en un arco infinito de colores y tonos. Nos enseñó, con su prosa cautivadora, a ver en el detalle y en las experiencias pequeñas, el entramado de siglos de mentiras y de falsas certezas uniformes”.

“La primera vez que leí a Galeano tenía 12 años, mi hermano Miguel llegó con ‘Las Venas Abiertas De América Latina’ a la casa y creo que ambos lo devoramos. Entonces en Chile había dictadura y me imagino que el libro estaba prohibido, lo que le daba un caché especial.

Años más tarde, en Uruguay, le hablé por teléfono, estuvimos a punto de reunirnos con él, junto a otros amigos, porque andábamos allá en medio de la escuela que fue para mí Santo Barrio. Me leí varios otros libros de Galeano, le tengo especial cariño a ‘El fútbol a sol y sombra’, porque me hizo ver que te podía gustar el fútbol aún siendo un intelectual… creo que Onetti, Galeano y Felisberto Hernández son mis uruguayos favoritos… y los uruguayos son los mejores latinoamericanos que conozco, luego, no es simple la decisión.

La muerte de Galeano nos deja sin un autor inteligente, crítico, preciso y que supo mirar en los lugares que el resto nos pasábamos de largo, nos hizo detenernos en espacios, lugares, personas e historias que tenían significado político y cotidiano, historias que se podían contar lo mismo como personales que como épicas sociales. Galeano era un intelectual de izquierda, uno de verdad, una raza que en tiempos posmos como los de hoy se está perdiendo, la clase de escritores que no quiso ser políticamente correcto y que mantuvo su postura, fue exiliado, censurado, luchó por la democracia, por la soberanía portoriqueña y se convirtió en un referente de las miradas no sólo de izquierda, sino de todo aquel que se sintiera con alguna conciencia social respecto de este pueblo al sur de Estados Unidos que somos. Se va Galeano, en la misma fecha casi que otro grande, Günter Grass, los echaré de menos a ambos, pero al menos eso tienen de bueno los escritores, me quedan sus libros en los estantes de mi casa con los que siempre se puede volver a conversar”.

Fuente: elmostrador.cl

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