Pablo Walker, capellán general del Hogar de Cristo: "Hay que despenalizar el consumo de drogas

25 de noviembre de 2013 11:46 AM

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El Hogar de Cristo hizo llegar a las candidatas presidenciales sus propuestas sociales: "Necesitamos espacios de reparación de derechos". La reinserción escolar, el tratamiento de personas con discapacidad mental y los adultos mayores son parte del documento.

La noche antes de la entrevista, el sonido de cinco balazos despertó al capellán general del Hogar de Cristo, Pablo Walker, quien vive en el corazón de la población Los Nogales, en Estación Central. Esa realidad, cuenta, es la que viven miles de personas en los sectores que “han sido secuestrados” por el narcotráfico. Lo sabe porque lo ha visto y lo ha vivido, en terreno, y desde esa posición hace un llamado a las candidatas presidenciales a considerar las propuestas sociales de las fundaciones Hogar de Cristo.

Los cuatro pilares son incrementar el presupuesto para salud mental, con el fin de atender a las personas con discapacidad en esta área; la reinserción educativa de los adolescentes en situación de exclusión social; aumentar los recursos para el apoyo a adultos mayores más pobres, y despenalizar el consumo de drogas para abordarlo como un problema sanitario.

Como Hogar de Cristo nos interesa que la futura presidenta se comprometa con reformas sociales que son urgentes y que salen de nuestro trabajo en terreno. Se necesita pasar de una mirada asistencial a una de tipo promocional de restitución de derechos.

No es la base de la estrategia. En absoluto el Hogar de Cristo está por liberar la droga; lo que queremos es liberar personas.

El documento propone “considerar la despenalización efectiva del consumo de drogas como base de cualquier estrategia de salud pública”. ¿Por qué?

Con sencillez compartimos lo que hemos aprendido del trabajo en terreno, y cuando tú tienes la oportunidad de que las personas se sinceren en sus conductas adictivas, podemos ver las causas que las llevaron a poner en la droga la huida a un montón de problemas sociales y personales de los que tenemos que hacernos cargo.

Yo invitaría a esas personas a que se conecten con su familiar que consume alcohol y drogas. No es encerrar a su familiar en la cárcel lo que va a permitir que le aparezca algo mejor.

En el fondo, usted plantea que esa persona que consume no es un delincuente.

Es tema de salud, una enfermedad, una adicción. Por eso necesitamos despenalizar el consumo de drogas y abordar el problema como un tema de salud pública.

También piden el “retiro de cannabis y sus derivados de la lista de sustancias capaces de provocar dependencia y efectos tóxicos o daños considerables a la salud”.

Nuestra propuesta no es una intención de colocarnos como parte de una agenda liberal. Es hacer un trabajo de reparación, y eso supone tener a las personas delante y no en la clandestinidad. Y poder hacer el trabajo que es espiritual, que es terapéutico, que es médico, que es de vinculación social, multidimensional.

Además, hablan de modificar el artículo 4º de la Ley 20.000, que instaura la figura penal del porte de drogas.

Esa ley deja al juez la decisión de considerar qué es pequeña cantidad y, en la práctica, son los más pobres los que siempre califican para quedar dentro de la cárcel. Nosotros lo que necesitamos no son más cárceles, necesitamos espacios de reparación de derechos.

El gobierno está generando una política de calle. ¿Cómo evalúan esas intenciones?

Es un buen paso, obviamente no es suficiente. Pero que haya una política pública para personas en situación de calle es una muy buena noticia. Urge pasarles el micrófono a las personas que sufren exclusión, a los más pobres, porque las soluciones diseñadas desde una oficina no están dando los resultados que necesitamos.

Claro, porque del manual al aprendizaje que da el contacto directo hay un gran trecho. Quienes tomamos decisiones y tenemos responsabilidades públicas debemos pasar del manual al aprendizaje del trato directo, de saber cómo mis decisiones afectan la vida en particular de los más pobres. Entonces, darles el micrófono a personas que saben lo que es sufrir la humillación cotidiana de ser pobre da inteligencia, da lucidez en la toma de decisiones. El padre Hurtado decía una frase que es muy cierta: el que no ha sufrido no sabe nada.

El asistencialismo, porque caemos fácilmente en el clientelismo y para mí puede ser funcional tener gente que me necesita, porque así justifico mi existencia. El Hogar de Cristo ciertamente no quiere ni esconder a los pobres ni tener pobres que necesiten el Hogar de Cristo.

Yo creo que hay aprendizajes sinceros y honestos. Por ejemplo, cuando empezamos a darnos cuenta de que no vamos a solucionar la pobreza con bonos, porque el bono te puede inflar una estadística.

Respecto de salud mental, ustedes piden que se destine el 5% del presupuesto de salud a este ítem.

Actualmente se destina el 3% del presupuesto de salud, y pedimos mínimo un 5%, porque necesitamos que con recursos de todos apoyemos programas en la línea promocional para que, en vez de exiliar, expatriar, desentendernos de nuestros hermanos con capacidades diferentes, técnicamente llamados discapacitados mentales, se active el potencial de cuidado.

Una de las maneras en las cuales los jóvenes se habilitan para ser parte de esta comunidad que llamamos país es la educación. Si empiezas a recorrer las más de 80 poblaciones que están tomadas por el narcotráfico, te das cuenta de la realidad que es un ícono: los cabros de las esquinas. Esos chiquillos han entrado en una red de promoción social que es la narcocultura, donde van a encontrar ingresos, reconocimiento, validación de grupo e, incluso, un padrino que se va a poner para la plata. O nosotros generamos una alternativa, o perdimos territorio y esto deja de ser un Estado de derecho.

Muchísimo, y hoy no hablamos de las poblaciones tomadas por el narcotráfico, porque nos morimos de susto.

A problemas públicos, soluciones públicas, que activen después a las iniciativas privadas. Entonces, que haya recursos para crear escuelas de reinserción escolar. Cuando tú logras que una persona se enamore de sus posibilidades de aprender, tú salvaste una vida.

En 10 años, uno de cada cuatro chilenos va a tener más de 60 años, y hoy día hay medio millón que está en el 20% más pobre. Cuando vas donde viven, te das cuenta de que corren un riesgo muy grande de ser no solamente abandonados, sino que invisibles. Eso se traduce en un viejo encerrado en una pieza húmeda, sin luz, con piso de barro, sin baño, a veces viviendo como un animal doméstico, y eso lo hemos visto y nos ha tocado ir a rescatar personas en esas condiciones.

Es necesario que haya debate, y estas propuestas sabemos que generan controversia. No puede seguir ocurriendo que haya instituciones que se encargan de “esa gente”, porque esa gente no existe; lo que hay son chilenos, es tu papá o tu hermano.

Lo que nos interesa es poner sentido de urgencia a las candidatas de enterarse cuáles son las propuestas sociales del Hogar de Cristo, que nacen de mucho tiempo de experiencia en terreno, y que las incluyan en su programa de gobierno.

Fuente: latercera.com

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